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martes, 3 de marzo de 2015

La amistad en niños y adolescentes con TDAH

El manual de diagnóstico DSM V, al hablar del TDAH incluye un criterio diagnóstico que indica que “existen pruebas claras de que los síntomas interfieren con el funcionamiento social, académico o laboral, o reducen la calidad de los mismos”. Muchas veces, los alumnos con TDAH son poco aceptados por sus compañeros y tienen unas habilidades sociales insuficientes para mantener una relación satisfactoria con ellos.


Dra. Mikami
Amori Yee Mikami es una investigadora de la Universidad de la Columbia Británica, en Canadá, que dirige un laboratorio para el estudio de las relaciones entre iguales en la infancia. Los objetivos de este laboratorio son estudiar y describir las razones por las que algunos niños tienen dificultades para hacer amigos, mantenerlos o ser aceptados por su grupo, y proponer formas para que sus padres y profesores puedan ayudarles. Una buena parte de sus trabajos se han centrado en el TDAH, y lo que contaré a continuación se basa en su artículo the importance of friendship for youth with attention-deficit / hiperactivity disorder.

Amistad

Mikami propone distinguir entre aceptación y amistad. La aceptación y su situación contraria, que es el rechazo, tienen que ver con el número de compañeros a los que un alumno cae bien o mal. En cambio, la amistad es una relación cercana y recíproca entre dos alumnos. Alguien puede ser impopular y tener una fuerte amistad con otra o con otras personas, y, al revés, un niño puede ser muy aceptado por sus compañeros, pero no tener ninguna relación de amistad con nadie.
La amistad no es un concepto homogéneo, ya que puede variar en tres dimensiones:
  1. Calidad: puede ser positiva (confianza, cuidado) o negativa (antagonismo, conflicto y competición).
  2. Estabilidad: duración, interrupciones.
  3. Integración o ajuste: los niños tienden a hacerse amigos de personas con un ajuste similar (por ejemplo, los estudiosos tienden a tener amigos estudiosos), y eso suele reforzar las tendencias que comparten, sean ajustadas (estudio, deporte, participación,…) o desajustadas (mal comportamiento, delincuencia,…).
Algunos estudios indican que un 56% o un 76% de los niños con TDAH de primaria no tienen amigos, una proporción superior al, aproximadamente, 30% de niños sin TDAH que se encuentra en esa situación. Respecto a las dimensiones de la amistad, distintas investigaciones apuntan a que las relaciones de amistad de los niños con TDAH podrían ser de menor calidad, y más breves que las de otros compañeros, y que tienen una ligera tendencia a tener como amigos a otros niños con TDAH.

Intervención

Mikami trata de explicar cuáles son las habilidades necesarias para lograr relaciones de amistad satisfactorias, y cómo los síntomas del TDAH entorpecen esos requisitos, una exposición interesantísima, pero que sería difícil de resumir aquí. Sin embargo, parece que lograr buenas relaciones de amistad, además de ser algo deseable en sí mismo, podría producir beneficios adicionales en los niños y adolescentes con TDAH (reducción de problemas de conducta, evitación del uso de drogas), pero es algo que no ha sido comprobado experimentalmente.
Llegando a la intervención, la revisión de la investigación indica que las relaciones con los compañeros son un campo en el que los tratamientos habituales (incluyendo el entrenamiento en habilidades sociales) no han mostrado eficacia, de modo que Mikami propone intervenciones centradas en las relaciones de amistad, aunque no se han estudiado los efectos de ese tipo de tratamientos.
La propuesta es que las intervenciones para favorecer la amistad de niños y adolescentes con TDAH tengan los siguientes componentes:
  • Un procedimiento para la elección de posibles amigos: para que surja una amistad es muy importante que los dos implicados disfruten con las mismas actividades. Padres y maestros deberían tener en cuenta esto al tratar de identificar amigos potenciales entre compañeros, vecinos, etc. Para los pequeños es importante localizar a los que comparten los mismos intereses de juego. Como se ha indicado anteriormente, los rasgos comunes se potencian, de modo que sería importante que si el niño tiene problemas de ajuste social, el posible amigo tenga problemas similares, especialmente en los adolescentes.
  • Precisamente, durante la adolescencia, la intervención de los adultos puede convertirse en una reducción de la autonomía del alumno que difícilmente traerá resultados positivos. Por eso es importante intervenir cuando los niños  son pequeños.
  • Una cuestión fundamental es que los padres favorezcan encuentros para jugar o realizar actividades con los posibles amigos.
  • La intervención debe incluir un entrenamiento sobre cómo comportarse en situaciones concretas, más que un aumento inespecífico de la competencia social. Es importante fijarse qué sucede cuando “quedan” para jugar, especialmente cómo transcurre el juego cooperativo, la reciprocidad, el apoyo emocional y la intimidad.
  • Los padres tendrían que ser hábiles (o recibir un entrenamiento) para ayudar a que los episodios de juego o actividad con amigos transcurran favorablemente: sobre todo, evitar el aburrimiento y gestionar conflictos. La forma principal de intervención sería que los padres enseñansen una habilidad a su hijo, observasen cómo la aplica, y le informasen sobre su uso. Nuevamente, conviene recordar que este tipo de trabajo va a funcionar con niños pequeños, pero con adolescentes es poco natural una implicación intensa de los adultos en los ratos compartidos con amigos.

Comentario

Espero que el trabajo de Amori Mikami sea extenso y fructífero y, especialmente, que nos pueda dar indicaciones acerca de cómo actuar en los colegios, un ámbito en el que también se pueden favorecer las relaciones de amistad. Desde luego, en muchísimos casos, gran parte de los posibles amigos de un niño con TDAH van a ser sus compañeros de clase.

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